La adquisición de Bitcoin ha retrocedido hasta cifras no vistas desde 2022, según datos on-chain que revelan un frenazo en la demanda de nuevos inversores. Este fenómeno reaviva la incertidumbre sobre si el mercado ya encontró su suelo tras el desplome de octubre o si el dolor continúa. Tras meses de máximos históricos, el apetito comprador se ha secado justo cuando el precio busca estabilizarse. La caída en la actividad compradora coincide con un enfriamiento del sentimiento generalizado, el crash de octubre dejó cicatrices profundas y millones en liquidaciones forzadas que aún generan desconfianza. El indicador clave es la demanda de poseedores de corto plazo: cuando este grupo deja de acumular y vende con pérdidas, suele marcar fases de capitulación emocional. Muchos analistas ven en esta dinámica dos lecturas opuestas: un posible inicio de una nueva fase alcista o el preludio de una caída más profunda impulsada por la psicología del mercado.