Cardano atraviesa una brecha económica sin precedentes: las comisiones pagadas por los usuarios representaron solo el 0,7 % de las recompensas de staking distribuidas en el último periodo, mientras el volumen de transacciones se desplomó un 72 %. Este desbalance revela que la mayor parte de los ingresos de los validadores proviene de la emisión programada de ADA, no de la actividad real en la cadena. El modelo monetario de Cardano depende de una reserva que se libera gradualmente; cuando ésta se agote, las comisiones deberían asumir el rol de principal fuente de ingresos, pero la actual escasez de comisiones lo hace improbable. La caída de la demanda de bloques agrava la situación, dejando una brecha de alrededor de 150 veces entre lo recaudado y lo distribuido. En contraste, redes como Ethereum están migrando a modelos donde las tarifas se queman o sustentan a los validadores mediante la actividad de aplicaciones, ofreciendo una ruta más sostenible que Cardano aún no ha adoptado.