Los recientes casos de robo de identidad en Revolut han reavivado el debate sobre la fragilidad del proceso KYC tradicional. Cada vez que un usuario abre una cuenta, debe subir pasaporte o licencia, y esas imágenes quedan almacenadas en servidores que se convierten en objetivos atractivos para los cibercriminales. En EE. UU., el FBI abrió una investigación tras la filtración masiva de licencias de conducir, y el informe semestral de Privacy Rights Clearinghouse muestra un aumento constante de brechas de datos. El daño es duradero: mientras una tarjeta puede cancelarse en minutos, un documento de identidad expuesto permite fraudes prolongados. La tecnología de pruebas de conocimiento cero (zero‑knowledge) propone una alternativa: comprobar la identidad sin conservar los documentos, usando criptografía avanzada. Adoptar este método reduciría significativamente los riesgos de almacenamiento y cumpliría con las exigencias de prevención de lavado de dinero. Reguladores y empresas deberían acelerar su integración para proteger a los usuarios y reforzar la confianza en el ecosistema financiero.