Los desastres naturales generaron 220.000 millones de dólares en pérdidas el año pasado, pero los seguros convencionales solo cubrieron 107.000 millones, dejando una brecha de 113.000 millones. Para afrontar este déficit, la tokenización de bonos de catástrofe se presenta como una alternativa tecnológica que canaliza capital a coberturas de riesgo extremo a través de registros distribuidos. Esta solución facilita la liquidez y flexibiliza los modelos de suscripción, especialmente en zonas con alta exposición climática, como Asia‑Pacífico, donde el 91 % de las pérdidas en 2023 carecían de cobertura. Los bonos de catástrofe funcionan vinculando la emisión a eventos climáticos específicos; si se superan umbrales predefinidos, se paga automáticamente a los tenedores. La adopción de esta herramienta exige un marco regulatorio claro, cumplimiento de normas internacionales y supervisión de autoridades financieras para evitar fraudes y garantizar la transparencia. En síntesis, la tokenización ofrece una vía para cerrar la brecha de seguros y proteger a comunidades y gobiernos ante futuros catástrofes.